Fragmento 6: Perséfone.

 

(…) Perséfone sufre una transformación que la lleva de ser una adolescente a convertirse en una mujer dueña de sus actos, con una madurez lo suficientemente fuerte como para ceñirse la corona de “diosa del Inframundo”. (…)

(…) Para las antiguas tradiciones la granada es símbolo de la sexualidad femenina (…) y concretamente, su forma ha sido asemejada a un ovario y los múltiples granitos (las semillas) que forman su interior a los óvulos. Así, este fruto representa la fecundidad femenina, la fecundidad en potencia, la que otorga el inicio de la etapa adulta en el que la niña, convertida en mujer comienza a menstruar y pasa al tiempo de la vida en la que le son concedidos y desvelados los “secretos” de las mujeres: el sexo, la concepción, el parto, la crianza… (…)

(…) En las tradiciones de la diosa se habla de la tríada, o la triple diosa: la niña, la adulta (la fértil), la vieja. La niña encarna a una etapa anterior de la vida fecunda, una etapa no por ello menos importante, porque será el tiempo en el que la niña será instruida de manera que no renuncie a sus atributos femeninos, que no se asuste de su poder y su potencial cuando lo reciba y que disfrute del momento presente porque también es importante que los niños sean niños. (…)

(…) Una muchacha es sacada abruptamente del lado de la persona con la que está vinculada, que supone para ella la fuente del amor y de la nutrición emocional (…)

(…) Nosotras madres, tenemos el poder de sembrar en ellos las semillas que les van a proteger realmente de todo lo que les pueda venir encima: las semillas del amor, del apego seguro que proporciona una crianza respetuosa. (…)

Fragmento del libro El ombligo de Atenea.

Autora: Mónica Álvarez Álvarez

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