La verdadera Revolución

 

Pues estoy pensando que si las feministas de pro llevan tantas décadas trabajando para equiparar los derechos de mujeres y hombres, así como la calidad de sus puestos de trabajo, sueldos y nivel de vida en general, algo no están haciendo muy bien.

Vamos, no lo están haciendo bien ni los hombres, porque para la mierda de puestos de trabajo que tienen, trabajando mil horas por un sueldo ridículo, no merece la pena ni que nos equiparen.

Yo creo que la igualdad estaría mejor si TODES tuviéramos opción a puestos de trabajo en los que realmente pudiéramos desarrollar nuestras pasiones y capacidades, cobrando realmente por el trabajo realizado y pudiendo elegir las horas que metes, hacerlo desde casa si se puede…

Que los autónomos tuviéramos autonomía real, o sea, que no nos grabaran a impuestos la mayor parte de lo que ganamos.

Que el cuidado de niños, mayores y enfermos contara como lo que es: un trabajo. Y que tuviera su sueldo, sus vacaciones, seguridad social, jubilación…

Me diréis que es utópico y que es imposible.

Lo cierto es que no hay nada imposible. Lo que ocurre es que una sociedad así sería empoderada y libre. Y eso, no interesa. 

Nos quieren doblegadas y pasivas. Y para ello lo mejor es impedirnos disfrutar de la vida con nuestros cuerpos, mentes y corazones. Vendiendo a nuestros hijos por cuatro duros. Cansados y agotados para vivir las pocas horas libres que nos quedan a la semana. Así somos más fácilmente manipulables.

Negar la importancia de los cuidados personales, relegarlos a “lo que la gente hace en su tiempo de ocio”, siendo por tanto gratuitos es la forma más perversa de minar nuestra autoestima tanto a los cuidadores (mujeres) como a quienes necesitan cuidados (niños, ancianos y enfermos), pues implícitamente se nos está diciendo a todos que no somos “personas” capaces y con derechos dentro de una sociedad que da tanta importancia a la capacidad de “hacer cosas”.

Deja en la indigencia a cuidadoras y cuidados, pues dependen directamente de otras personas (hombres, instituciones…) acabando por vivir de la mendicidad dependiendo de las míseras ayudas que da el Estado, o del sueldo del cabeza de familia que es el que “trabaja” (y por tanto quien tiene el prestigio y el poder dentro de su grupo social).

Deja en desamparo a cuidadoras y cuidados, pues quedan a merced de maltratadores (representados tanto por personas concretas como por instituciones) de quienes dependen económicamente, y por tanto, de quienes no pueden alejarse para evitar el maltrato físico y/o emocional.

Maltrata directamente tanto a cuidadoras como a cuidados, pues niegan sus necesidades básicas y primarias, como secundarias, pues al no disponer de un dinero directo, no pueden acceder a los servicios que puedan necesitar. Quedando a merced de las instituciones sociales que son quienes deciden si tienen o no “derecho” a las ayudas correspondientes.

Las personas que cuidan y los cuidados son ninguneados y maltratados directamente por esta sociedad.

Y también el resto de personas somos maltratados indirectamente, porque con esta política negadora de una necesidad social básica, está restando nuestra capacidad global de cooperar y progresar en comunidad para beneficio de todos.

 

La verdadera revolución es pagar a las personas que cuidan personas, teniendo derecho a pagas extras, dietas, vacaciones y pensiones retributivas, según corresponda.

Mientras, seguimos pagando impuestos porque para eso sí somos personas aptas dentro de esta sociedad.

Mónica Álvarez Álvarez
#Déjstedecuentos
Con Irene García Perulero

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