Soy Mónica Álvarez y soy una Impostora

Soy Mónica Álvarez y soy una Impostora.

Soy psicóloga, número de colegiada N-01500.

Realicé un máster en Terapia Sistémica, especializada en Familia y Pareja de más de 1.200 horas, que es lo que me da la base de todo lo que soy hoy en día como profesional.

Sin embargo, en ocasiones, sigo sintiéndome una Impostora.

Desde los 16 años ayudé a organizar campamentos de fin de semana y de verano para niños. Con 17 me inscribí para realizar el curso de “Monitora en el Tiempo Libre” y recibí el título recién cumplidos los 18.

Trabajé siendo aún muy joven, cientos de horas como voluntaria en diferentes ámbitos sociales: inmigrantes, presos, transeúntes, enfermos mentales, adictos…

Allí donde estuve, me gané el corazón de todas las personas con las que trabajé y era considerada como alguien que realmente sabía cómo ayudar a otros a salir adelante “con” y “a pesar” de todos los problemas que tenían.

Todo esto no cambia, las veces que me siento una Impostora, que creo que lo que hago no es suficiente, que pienso que debería dedicarme a otra cosa, porque mis logros, al fin y al cabo, “tampoco son para tanto” y son algo que “cualquiera podría hacer”.

He hecho infinidad de cursos relacionados con temas muy diferentes: terapia breve, terapia alternativa, coaching, nutrición y dietética, kinesiología, reiki… Todos ellos con la intención, en primer lugar, de crecer yo y, en segundo lugar, para fortalecer mi capacidad como profesional y aumentar mi bagaje de herramientas terapéuticas.

Aunque soy consciente del dinero que me costaron todos estos cursos y las horas invertidas en formarme, a veces, una voz en mí me dice que en el fondo debería cobrar más barato o trabajar gratis, porque quienes me necesitan, son personas vapuleadas por la vida que merecen mi atención, aunque no tengan dinero para pagarla.

En 2005, por circunstancias personales muy dolorosas, comencé a investigar en lo que aún ni siquiera se conocía como “duelo gestacional y perinatal”.

Abrí el primer foro gratuito online desde el que, junto con mis compañeras, ayudamos a cientos de mujeres en duelo.

Participé como coautora en la escritura de dos libros que son referencia mundial en este tema: “La cuna vacía” y “Las voces olvidadas”.

Después, auto publiqué con Amazon el libro “¿A dónde van nuestros hijos cuando se nos van tan pronto?”.

En 2011 abrí el primer blog dedicado íntegramente a este tema, utilizando como dominio por primera vez el término DueloGestacionalyPerinatal.com.

En 2013 fundé la Escuela Stillbirth Support desde la que he especializado desde entonces en este tipo de duelo a cientos de personas.

Soy un referente mundial en este tema y he ayudado a miles de mujeres a sobrellevar sus duelos y alcanzar una vida emocionalmente estable de la que disfrutar ella y su familia.

Estoy preparando ahora mismo la 1ª Jornada Presencial “Creando redes”, que será en Barcelona el 14 de marzo (si te interesa acudir, escríbeme, que estás a tiempo de unirte).

A pesar de esto, me siento como una Impostora incapaz de verse a sí misma como una eminencia y darle la importancia que merece al hecho de contribuir a destapar y sacar a la luz un tema que ha sido tabú de una manera tan aplastante. Y ayudar con ello a cientos de mujeres.

Tengo una maravillosa familia. Mi marido que es un sol, me cuida, me ama y me observa con cariño mientras sueño y diseño nuevas locuras.

Tengo tres hijos en la luz y otros tres aquí conmigo que llenan mis días de alegría, ocurrencias, risas, cansancio… Ellos son el motor de la que hago, y el ingrediente super extra de La receta de mi vida.

Sin embargo, tengo mis momentos malos. Siento que no dedico todo el tiempo que querría a mis hijos, que mi pareja a veces me soporta el malhumor y que no cumplo la expectativa que los demás tienen sobre mí. El 90% del tiempo sé que esto es normal, que es imposible hacerlo todo bien todo el tiempo, que tengo la circunstancia personal que me ha tocado y que bastante he hecho en la vida. Pero las veces en que me ataca mi Impostora, siento que soy una mala madre y que nada es suficiente.

En 2010 encontramos una casa preciosa, en un lugar idílico y me empeñé en que algún día viviríamos aquí. 5 años después, otro hijo y un negocio online que aporta el dinero necesario para cumplir este sueño, pudimos mudarnos. Llevamos viviendo aquí desde 2015, y cada día, cuando me levanto y veo el paisaje verde por la ventana sé que estoy en el lugar correcto, con las personas con las que quiero vivir, haciendo lo que más me apasiona.

Mi Impostora logra convertir lo bueno en algo “relativamente malo”. Y en los momentos emocionalmente bajos me susurra al oído si realmente este sueño merece la pena. Si no hubiera sido mejor seguir viviendo en la ciudad, sin el peso de una hipoteca que habrá mejorado nuestra economía considerablemente, sin el estrés de tener que cumplir sí o sí una cantidad mínima de ingresos al mes, sin tanta exigencia respecto a mi negocio. No me habla de la calidad de vida que tienen mis hijos viviendo en una casa grande, con espacio y luz, con un colegio a cinco minutos de casa, en aulas con muy pocos alumnos, con una vida social y amiguitos desde el momento en que llegamos.

En 2012 tuve la necesidad de convertir en un trabajo “serio” lo que llevaba años haciendo de manera voluntaria en la red.

Empecé a formarme en marketing online, marketing de contenidos, email marketing… Bueno, todas esas cosas que estudiamos las emprendedoras para poder ayudar cada vez a más personas, de forma más eficaz y con mayor garantía.

Comencé trabajando con mujeres en duelo, como he comentado más arriba, fundando mi propia Escuela y dando a luz al Programa Asesoras Stillbirth Support que han realizado mujeres de todo el mundo occidental.

Pero soy un espíritu inquieto y quise ayudar también a mujeres que necesitaban aportar dinero a casa desde su maternidad y sus pasiones y comencé con el proyecto Hazte Experta, a través del cual ayudo a mujeres con ciertos aspectos técnicos de sus emprendimientos y, sobre todo, a que descubran y se crean que son capaces y pueden ser la profesional que sus clientas potenciales necesitan. Y que se puede vivir de ello.

Soy una profesional de orientación sistémica, y veo en cada persona múltiples facetas que se van moviendo, desajustando e influyendo unas en otras. Y me gusta trabajar todo en conjunto.

Así que, desde esta página, MonicaAlvarezAlvarez.com, en 2016 creé junto con Irene García Perulero “Déjate de cuentos, Programa de Transformación y Empoderamiento para Mujeres que Quieren Mandar a Tomar por Culo al Patriarcado”. Trabajar con Irene fue revelador, me hizo ponerme las gafas moradas y ya nunca volví a poder ver la realidad desde la óptica patriarcalizada habitual.

Creé otros programas de crecimiento femenino que no tuvieron mucha repercusión, hasta que en 2019 reciclé y “remastericé” un viejo taller que tenía hecho desde hacía años: Aprende a regular tu termostato del dinero. Lo convertí en un reto gratuito… y empezaron a ocurrir los milagros para las muchas mujeres que lo realizaron. En mi caso, en menos de una semana encontré 90€ en una cartera que ni me acordaba que tenía allí; mi compañía de telefonía me regaló el móvil nuevo que necesitaba y una vecina nos devolvió un favor trayéndonos unas cositas de su huerta: se presentó en casa con una caja de 2 docenas de langostinos con los que celebramos aquella noche una buena fiesta en casa.

Ese verano, tuve una especie de revelación y surgió el programa “Tu amiga, la Impostora”, en el que llevo trabajando desde entonces a través de diferentes proyectos, dándome cuenta y, llegando a la conclusión de que, yo soy mi cliente ideal nº 1.

Mi Impostora es muy inteligente porque me lo recuerda siempre a final de mes, cuando tal vez las ventas no han ido como debieran, pero los impuestos y letras sí están presentes. Cuando tengo que hacer malabares, pasar dinero de una cuenta a otra para que todos los pagos (autónomos, hipoteca, seguros, letra del coche, comedor, etc.) se realicen sin problema. Me susurra sibilinamente si todo esto es realmente lo que quería hacer, o si se ha convertido en una pequeña gran prisión de la que no puedo salir porque necesitamos esos ingresos para seguir subsistiendo una familia de cinco.

No me recuerda todos los logros, las mujeres a las que impulso, el valor que aporto, lo que disfruto dando clase, aprendiendo contenidos nuevos que mejoren mis servicios, organizando retos, cursos, contenido para redes, reuniéndome con mi equipo para coordinar que todo salga adelante… No me habla de mi necesidad de aventura, de mi dosis de “estrés del bueno” para sentirme viva, de esas pequeñas descargas de adrenalina que se producen cada vez que un curso se vende y sé con seguridad que todas esas mujeres van a poder transformar su situación vital. Tampoco me dice nada de mi contribución a la visibilización de las mujeres, a ese plan mayor en el que participo cada vez que ayudo a alguien, a mi contribución a lograr un mundo mejor y más equitativo para todos.

Mi Impostora está ahí, a cada vuelta de la esquina, sabiendo dónde debe golpearme para que sus palabras me sacudan y me frenen. Sabiendo cuándo debe hablarme para hacer una mella mayor en mi estado de ánimo.

Si yo he logrado hacer en mi vida todo esto. Si he podido emprender, formar una familia, ayudar a cientos de mujeres, a pesar de mis Impostoras, tú también puedes.

Si no sabes cómo, yo te ayudo.

Deja que te acompañe y desentrañe el misterio que es para ti ahora mismo el tener una vida próspera y abundante, creando tu realidad, más allá de todas las limitaciones que te imponen tus Impostoras.

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