De brujas, magos y gente guapa

 

“Merlín El Encantador” es un clásico de Disney basado en el inicio de las leyendas Artúricas.

En él un plebeyo al que todos conocen como “Grillo” encuentra al Mago Merlín, quien lo va a llevar a través de una serie de pruebas hasta convertirse en el Rey Arturo.

 

En sí la historia es la típica historia del héroe que encontramos en tantos libros, películas, cuentos, etc.

Pero lo que le hace peculiar a la historia que nos cuentan en esta película, es el protagonista, que en este caso, no es Arturo, sino Merlín.

Cada uno de los personajes representa un arquetipo.

Según Carl Jung los arquetipos son “imágenes presentes en la imaginación de las personas en todas las épocas y lugares, relacionadas con mitos, leyendas y religiones, constituyendo una parte del inconsciente colectivo”. 

Los arquetipos no son figuras estáticas. Tienen un polo positivo y un polo negativo, y vamos oscilando entre uno y otro, mientras crecemos, evolucionamos y avanzamos.

Los arquetipos nos ayudan a descubrir quién o qué somos, y qué resultados podríamos obtener en caso de tomar una dirección u otra en la vida.

 

Merlín es un mago que, aunque vive en la Edad Media, es un hombre de mundo que ha viajado a otras épocas y conoce inventos y adelantos técnicos y humanos entonces impensables.

Trae un mensaje revolucionario en una época en la que prima la fuerza bruta sobre todo lo demás:

 

 

Los arquetipos que encontramos en esta historia son:

El mago sería el “Maestro” que conoce el presente, el pasado y el futuro y que está capacitado para acompañar al héroe en su periplo. Representa al sabio despistado, que a veces es demasiado “lanzado” poniendo en peligro a su pupilo, y abandonándolo a sus propias fuerzas, pues Merlín ni siquiera se da cuenta de lo que ha hecho. Estos episodios serán importantes en el aprendizaje del niño, pues tendrá que sacar de su interior recursos que ni siquiera sabía que tenía, para poder sobrevivir. Al final, parece que Merlín lo deja solo, pero en realidad sabe que Grillo podrá resolver el problema por él mismo. Esto puede ser un poco arriesgado y peligroso en la vida real, pues pocos maestros pueden ser tan omniscientes, pero en la película les sale bien.

La magia sería la capacidad de utilizar de una forma inteligente todo ese conocimiento. Por supuesto, hay tintes mágicos, como en la escena de la mudanza en la que mete todo lo que hay en la cabaña dentro de un bolso (igualito al de Mary Poppins). Pero básicamente la magia estriba en aprender a pensar con cabeza y tomar decisiones adecuadas en cada momento.

El héroe, realiza un recorrido personal de un estado A en el que es conocido como el escudero plebeyo apodado “Grillo” al conocido y recordado “Rey Arturo”.

La bruja sería el contrapunto al mago. La persona que tiene mucho poder pero que lo utiliza para destruir en lugar de para construir (¿cuántas personas así nos encontramos en nuestro día a día?). Es la prueba de que también dentro de la magia se puede utilizar la fuerza bruta. Es la excusa que le da al mago la oportunidad de demostrar que el ingenio siempre gana.

El compañero del héroe, Arquímedes, el búho. En realidad es el acompañante del mago, pero en la historia acompaña, salva y enseña al pequeño héroe, siendo también la fuerza opuesta al avance del mismo. Es quien siembra la duda “¿Esto para qué”? “¿Qué necesidad hay de demostrar que la educación es más eficaz que la fuerza bruta?”. El autor pone en su boca las preguntas que se haría quien escucha la historia, dando más fuerza aún al argumento del mago, cada vez que el búho y sus dudas son puestas en entredicho. El búho representaría la necesidad que tenemos todos frente a cualquier tipo de reto de no hacer nada y permanecer en la zona de confort. Y que esta necesidad no es mala si se utiliza con mesura, pues no olvidemos que es el Arquímedes quien salva a Grillo del pez gigante del estanque. El búho, en esta acepción más positiva, representaría la prudencia.

Otros “personajes” que también son arquetípicos.

Elemento agua. La primera transformación que Merlín propone es la del pez. Vivir en el agua es un gran reto. Transformarse en pez no significa que uno vaya a saber salir nadando. Hay que aprender a respirar con las branquias y manejar el cuerpo de pez para impulsarse en el agua en una dirección u otra. El agua simboliza la flexibilidad, ser rápido, poder cambiar de dirección en un sentido o en otro con decisiones basadas en el instinto. Desde las teorías evolutivas modernas estaríamos antes el cerebro antiguo, el reptiliano.

El agua simboliza el inconsciente, allí donde se anclan nuestros patrones mentales más antiguos. Heridas emocionales antiguas que hay que sanar para que no nos lleven a actuar en direcciones que no queremos, sólo porque se activan nuestras alarmas y peleamos o huimos para afrontar un peligro que tal vez desapareció hace mucho tiempo, pero que en nuestra mente más profunda es completamente actual. También aquí encontramos nuestras fortalezas más arraigadas, la sabiduría instintiva que nos ayuda a escapar del peligro y/o a construirnos una y otra vez. Aquí encontraríamos nuestros procesos resilientes, tan necesarios siempre.

El pez gigante del estanque. Después de que Grillo ayudado por búho y consigue escapar recuperando su forma humana ya en tierra, Merlín se pregunta “¿Qué hacía un pez tan grande en un estanque tan pequeño?”. El pez representa la personalidad fuerte y magnífica que el mago ha intuido en el niño, que es necesario educar para que no acabe siendo un peligro para él mismo. Y para los demás. Para escapar Grillo utiliza sus recursos todavía no muy bien dirigidos (“Tiene empuje, pero le falta dirección”) pero sin la ayuda definitiva del búho, la prudencia, no había conseguido escapar.

El elemento tierra. En la segunda transformación que propone Merlín, acceden al cuerpo de un animal terrestre. La vida en la tierra es una vida que conoce y sabe cómo moverse. Tal vez por eso comienza a través de los saltos de árbol en árbol a intuir el elemento siguiente. Representaría al yo, ése que se crea a través del diálogo social, en interacción con el otro. Es en esta interacción donde se pueden dar los mayores peligros de este estado, pues tendremos que aprender un tipo de comunicación asertiva y empática. Esto, en medio de una época en la que todo se solucionaba a espadazos y golpes es todo un invento.

Ardilla 1. Representa a lo inesperado, eso que no podemos controlar. El amor es un arquetipo muy fuerte en el que no nos vamos a detener hoy. Sólo vamos a tener en cuenta la capacidad que desarrolla Grillo para expresar a la señorita ardilla por qué en realidad no puede enamorarse de ella. Hace gala de una excelente estilo comunicacional, bien dirigido y con un mensaje claro. La ardilla lo comprende y se le ve apenada. Cuantas veces encontramos un “chico majo” del que nos enamoramos, pero resultó que él no nos amaba y fue lo suficientemente honesto para decírnoslo. Bueno, no es algo que suela ocurrir muy a menudo, pero cuando sucede, precisamente la sinceridad y que sea imposible, nos apena más.

Ardilla 2. Es el contrapunto a la ardilla 1 y una manera de resaltar todo lo que ha avanzado nuestro héroe que ha sabido disculparse tan bien con su ardilla. En cambio, el mago, en su propio diálogo, no ha hecho más que demostrar que será todo lo evolucionado que él diga ser, pero que en el fondo no es más que un hombrecillo gruñón, misógino y maleducado, que suspende completamente su prueba para demostrar su capacidad de comunicación asertiva y empática. Esto también es arquetípico, pues “el alumno siempre acaba superando al maestro”. Por mucho que el maestro sea un ser evolucionado y avanzado para su tiempo, las emociones, el cerebro medio que alberga el sistema límbico, es una asignatura pendiente que no todo el mundo logra aprobar. Ni siquiera aunque seas alguien con una gran inteligencia lógico-matemática como ha demostrado varias veces ser el viejo mago.

El elemento aire. Es la última prueba a la que será sometido Grillo. Pero esta vez no será Merlín quien lo acompañe, si no Arquímedes, el búho, representante de la prudencia. Pues volar es algo peligroso, muy alejado del suelo en el que nos movemos las personas, un acto tan elevado que exige un estado muy alto de evolución. Es un conocimiento de altura, que correlaciona con lo que los psicoanalíticos conocían como “super yo“. los evolucionistas actuales con el cerebro reciente y los biologicistas con el neocortex. Para volar hay que tener interiorizados una serie de conocimientos no expuestos al común de los mortales. Grillo no es más que un aprendiz y aunque ya está preparado para ello y demuestra cierta pericia, al final acaba metiéndose en un lío y cayendo en las garras de Madame Mim.

Madame Mim. Es un bruja antigua, el arquetipo de la sabiduría puesta al servicio de la fuerza. Es como uno de esos matones que luchan con los puños, pero en un grado más alto de conocimiento. Mim utiliza la magia para lograr lo que quiere y será Merlín quien pelee con ella, porque Grillo todavía no está a la altura de una contendiente tan poderosa.

Animales y seres en los que se convierten bruja y mago. “Necesito tiempo para saber en qué me voy a convertir”. El mago sabe que cada animal que utiliza activa en él una serie de recursos mentales, físicos y emocionales que necesitará para la contienda. Y necesita pensar en las características de su contrincante para saber qué características necesitará él para combatirlo. Sólo esta escena entre ambos seres mágicos daría para escribir un artículo entero, así que no me voy a detener aquí. Únicamente decir que, también nosotras deberíamos conocer todas nuestras posibilidades para poder activarlas en cada situación y conflicto. El tiempo que nos tomamos para saber en qué nos vamos a convertir sería ese tiempo de meditación diaria que podemos necesitar, o al menos de reflexión en cada situación concreta. Otro día hablaremos más de esto.

 

Objeto mágico.

Todo héroe que se precie logra el premio final en forma de objeto mágico que no es más que el símbolo de la transformación que se ha operado en él.

En esta historia un niño plebeyo logra ser el Rey de Inglaterra.

Traducido a lenguaje arquetípico, una persona traumatizada por sus experiencias infantiles y fragmentada en su psique culmina su proceso resiliente en el que ha reunido sus pedazos y ha sanado sus heridas, convirtiéndose en la soberana de su propio Reino: Su cuerpo, mente y espíritu (de nuevo, tres estados) están unificados en su propio ser, otorgándole la soberanía de su propia vida.

Tras recorrer el camino del héroe, encontramos a una persona completa en todos sus niveles y aspectos.

 

Y colorín colorado…

Este cuento se ha acabado, pero no la historia.

Porque a Arturo (antes Grillo) todavía le queda mucho trabajo por hacer.

Como él mismo afirma, no se siente preparado para reinar.

Y como el búho le recuerda: “ya te dije que no cogieras esa espada”, seguramente se arrepiente de haber salido de su zona de confort y haber caído en una situación que le viene demasiado grande.

Muchos cuentos están aparentemente inacabados, porque al héroe de la historia todavía le queda mucho camino recorrer en su aprendizaje vital.

Así, la historia de Arturo no termina aquí.

Tendrá que realizar un viaje, esta vez fuera de sí mismo, para encontrar el Santo Grial, reunir a los Caballeros de la Mesa Redonda, encontrar a su Amada y establecer su reino en Camelot.

Pero esto es otra historia que contaremos otro día.

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Mónica Álvarez

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