Preludio (2ª parte)

 

 

No sé cuántos días llevo aquí.

La cara del cadáver tirado en el suelo, el que ha sido “mi” rostro, ése que veía todas las mañanas en el espejo al afeitarme, cada vez me parece menos mío. Y no es por el golpe y por el deterioro físico que está sufriendo, sino porque cada vez me cuesta más identificarme con él, con la persona que yo era hasta hace unos pocos días. El hombre con planes, ilusiones y toda una vida por delante.

No. No estoy enfadado. O eso me parece. No puedo sentir rencor por la persona que me asesinó.  Tampoco siento alegría o cualquier otra emoción que me altere de alguna manera. Tal vez sea el trauma. Tal vez sea lo que me dijeron las personas que me hablaron al acabar de atravesar el túnel de luz (sí, todas esas gilipolleces que cuenta la gente sobre un túnel con una luz al fondo existen). Me han borrado la memoria de modo que recuerdo cosas generales del mundo de los , pero no recuerdo nada de mi vida. Y cuando digo nada es que no recuerdo ni quién era, ni qué vida tenía, ni cómo morí. Sé que ha sido un asesinato por el tremendo golpe que tiene el cuerpo en la cabeza. Una parte del cráneo se ha hundido y puede verse la materia gris mezclada con sangre y vete a saber qué más. Cuando pienso en la vida truncada de esa persona que fui, no puedo sentir ninguna emoción, pero es como si un poco de esa nata oscura se introdujera en mi corazón y lo estrujara. Si es que un fantasma puede llegar a sentir que le estrujan algo que no tiene. Pero la sensación sería ésa.

Así, esos seres me borraron gran parte de mis recuerdos y me dijeron que tenía que venir al mundo de los vivos para cumplir una misión relacionada con la persona muerta. Y que enviarían a alguien más para ayudarme. Yo sólo espero que ese otro fantasma venga pronto, porque me aburro un montón. Ya me sé de memoria la imagen del cadáver, los rastros y las pistas que la lluvia de ayer borró en gran parte, las huellas de la persona que lo arrastró hasta aquí y que se pierden más abajo en la orilla del río.

Así que me paso las horas haciendo lo único que puedo hacer: esperar.

Mónica Álvarez Álvarez

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Queda prohibida la total o parcial reproducción de este texto.

 

Si no lo hiciste, lee la 1ª parte de este relato aquí.

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